¡Thor, hijo de Odín, guardián de Midgard, portador del Mjöllnir que rompe montañas y ahuyenta el caos!
Hoy elevamos este blót con el corazón firme y la voluntad inquebrantable. Que el estruendo de tu martillo resuene más fuerte que el rugido de la tierra, y que su poder proteja a nuestros hermanos y hermanas de Venezuela, golpeados por la furia de los elementos.
Tú, que jamás retrocedes ante el gigante ni abandonas a quienes luchan con honor, fortalece sus brazos para remover los escombros, da firmeza a quienes buscan a los desaparecidos y concede resistencia a quienes sostienen la esperanza cuando todo parece perdido.
Que el miedo no eche raíces en sus corazones. Que donde haya oscuridad nazca el valor. Que donde haya lágrimas florezca la determinación. Que donde el suelo se haya quebrado permanezca intacta la fuerza del espíritu.
Bendice a quienes arriesgan su vida para salvar otras vidas. Protege a los ancianos, ampara a los niños, fortalece a las familias y guía a todos aquellos que, con manos valientes, trabajan sin descanso por sus semejantes.
Que Mjöllnir sea símbolo de protección y reconstrucción. Que cada golpe del martillo sagrado derribe la desesperación y levante la esperanza. Que ningún corazón digno camine solo mientras aún exista honor entre los hombres y mujeres libres.
Hoy alzamos el cuerno en señal de hermandad. Desde tierras lejanas enviamos nuestra fuerza, nuestro respeto y nuestra solidaridad. Que sepan que no están solos, pues la verdadera fraternidad no conoce mares ni fronteras.
¡Thor, escucha nuestra invocación! Concede fortaleza para resistir, coraje para reconstruir y esperanza para volver a levantarse.
¡Así sea! ¡Por el honor, por la hermandad y por la fuerza de Thor!

