En los hielos del norte, donde cruje el destino,
camina Skaði con paso fino;
no por gracia ligera ni por canto divino,
sino por venganza fría y un propósito asesino.
Hija de gigantes, de Thjazi la heredera,
juró a los Æsir guerra por sangre verdadera;
con casco y arco tensado, mirada altanera,
subió a Asgard pensando: “hoy cobro mi quimera”.
Pero ¡ay, dioses astutos, tramposos sin medida!
le ofrecieron paz… con risa contenida:
“elige esposo por pies”, dijeron con salida,
y Skaði, entre sandalias, cayó confundida.
Buscaba a Balder, bello como aurora clara,
pero eligió a Njord… ¡qué jugada más rara!
pies limpios de mar, sin nieve en la cara,
y así empezó un matrimonio que nadie envidiara.
Él amaba el mar, las gaviotas y la brisa,
ella el crujir del hielo y la tormenta sin prisa;
“tu casa es muy húmeda”, decía con sonrisa,
“y la tuya muy fría”, él respondía sin risa.
Nueve noches intentaron, ¡valientes en batalla!
pero el amor no siempre al destino acompaña;
uno odiaba lobos, el otro la sal que estalla,
y así terminó la unión… sin sangre, pero con maña.
Mas no todo fue farsa ni risa entre gigantes,
Skaði cazó en montañas, reinó entre los errantes;
con esquís surcó nieve, veloz e imponente,
diosa del invierno, temida y reluciente.
Y aunque su historia mezcle guerra y desatino,
queda su espíritu firme como pino alpino:
ni dioses ni trampas torcieron su camino,
porque incluso en comedia… su poder fue divino.

