El Camino al Valhalla: Legado y Gloria de los Guerreros

EL CAMINO AL VALHALLA

Cuando el cuervo descienda sobre el campo ensangrentado
y el viento peine los estandartes rotos,
cuando el último aliento abandone el pecho
y la tierra reclame el cuerpo del guerrero,
no habrá silencio.

Desde las sombras llegará el eco de los cuernos,
grave como el trueno, antiguo como la noche.
Las puertas se abrirán más allá de la muerte
y entre niebla y fuego aparecerá el camino.

No lloréis por quien cae con la espada en la mano.
No temáis por quien entrega su último aliento.
Porque allí donde termina la vida mortal,
comienza el banquete de los elegidos.

Las valquirias cabalgarán sobre nubes negras,
con sus lanzas brillando bajo un cielo sin luna,
y escogerán entre los caídos
a aquellos cuyo valor no pudo quebrarse.

Entonces se alzarán.

Dejarán atrás la sangre, el dolor y los nombres,
y caminarán hacia el gran salón de Odín,
donde las llamas nunca mueren,
donde las heridas no permanecen,
donde cada guerrero vuelve a empuñar su acero.

Allí esperan las largas mesas,
la hidromiel, los cuernos alzados
y el rugido de miles de voces.

Porque el Valhalla no es descanso.

Es memoria.
Es gloria.
Es la promesa de volver a luchar cuando llegue el Ragnarök.

Así que duerme, guerrero, bajo la fría tierra.
Que la noche cubra tu rostro
y los cuervos guarden tu nombre.

No has sido derrotado.

Has cruzado el umbral.

Y cuando el cuerno de Heimdall resuene al final de los tiempos,
volverás a levantarte entre los muertos,
con la espada en la mano
y el corazón ardiendo.

Entonces los dioses sabrán tu nombre.

Y los vivos recordarán
que incluso la muerte
puede ser el comienzo de una leyenda.

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