ᛒᛖᚱᛋᛖᚱᚲᛁᚱ | EL RUGIDO DE LOS ELEGIDOS
No todos nacen para empuñar un hacha. No todos soportan el peso del acero ni el frío de un destino escrito con sangre.
El berserker no luchaba por la gloria vacía ni por el aplauso de los hombres. Su camino era la entrega absoluta. Cuando el cuerno llamaba y el estruendo de los escudos hacía temblar la tierra, abandonaba el miedo como quien abandona una piel marchita. Solo quedaban el juramento, la voluntad y el honor.
Que el enemigo vea en tus ojos la tormenta.
Que tu voz retumbe como el trueno sobre las montañas.
Que cada paso sea un desafío al destino.
Porque el hierro puede quebrarse.
La carne puede caer.
Pero una voluntad indomable jamás se arrodilla.
No busques una vida larga. Busca una vida digna de ser recordada cuando los fuegos se apaguen y las generaciones futuras pronuncien tu nombre con respeto.
Levántate cuando todos caigan.
Avanza cuando otros retrocedan.
Sonríe cuando el destino te ponga a prueba.
La fuerza no nace del músculo; nace del espíritu que se niega a rendirse.
Que Odín conceda sabiduría a tu mente.
Que Thor fortalezca tu brazo.
Que Tyr guíe tu sentido del honor.
Y que las Nornas tejan un destino del que jamás tengas que avergonzarte.
Porque un berserker no mide su vida por los años que respira, sino por el coraje con el que enfrenta cada batalla.
¡Que resuene el acero! ¡Que ruja el corazón! ¡Que el mundo recuerde que aún existen hombres y mujeres capaces de caminar sin miedo hacia su destino!
