No alzamos hoy nuestras voces al viento por temor, sino por respeto. Que el eco de este blót alcance los salones de Ásgarð, donde se sienta Odín, Alföðr, señor del conocimiento, del sacrificio y de la victoria sobre uno mismo.
Salve, Odín, jinete de Sleipnir, portador de Gungnir, guardián de los cuervos Hugin y Munin, cuyos ojos recorren los Nueve Reinos. Desde el resplandor de Ásgarð hasta las raíces de Yggdrasill, tu voluntad atraviesa cuanto existe. En Midgarð inspiras a quienes buscan la verdad; en Vanaheim recuerdas la fuerza de los antiguos pactos; en Jötunheim desafías el caos; en Álfheim iluminas la sabiduría; en Svartálfaheim y Niðavellir resuenan las manos que forjan el destino; en Muspell y Niflheim arden y se hielan los extremos de la existencia; y en Hel permanece el recuerdo de todos los que caminaron antes que nosotros.
Tú entregaste un ojo por la sabiduría y te colgaste de Yggdrasill durante nueve noches para arrancar a las runas su secreto. No pediste caminos fáciles; mostraste que todo conocimiento exige valor, sacrificio y determinación.
Hoy elevamos el cuerno en tu honor. Que nuestras palabras sean dignas de los salones donde los escaldos cantan sin fin. Que nuestros actos pesen más que nuestras promesas. Que nuestra mente jamás deje de buscar, que nuestro espíritu jamás se doblegue y que nuestro honor permanezca firme mientras las estrellas recorran el firmamento.
¡Salve, Odín! Que el Padre de Todos escuche este blót. Que la sombra de sus cuervos cubra nuestro camino, que la lanza jamás vacile cuando llegue la hora de decidir y que la sabiduría prevalezca sobre la ignorancia hasta el último amanecer de los dioses.
¡Hail Óðinn! ¡Hail Alföðr! ¡Hail Ásgarð!
