Eir: el arte de sanar y sostener la vida en la tempestad

Eir, mano de nieve sobre la herida,
susurra en la piel el idioma del alba.
No trae promesas fáciles: trae presencia,
la calma feroz de quien no aparta la mirada
cuando el dolor levanta su reino de hierro.
En su cuenco no hay oro, hay agua viva,
hilo de luna, sal de mar antiguo;
con ello lava el miedo, cose la grieta,
y en cada respiración enseña:
sanar también es quedarse.
Dicen que pisa jardines altos,
donde las hierbas recuerdan nombres
más viejos que las runas en la madera.
Pero su templo verdadero es el pecho humano,
cuando una mano busca otra en la noche
y decide ser refugio, no juicio.
Eir, luz blanca entre escudos y ceniza,
apaga la fiebre con canto de hielo,
y en la frente del enfermo dibuja un signo:
no de victoria, sino de regreso.
Porque volver a uno mismo es una batalla.
Que aprendamos su arte:
ser puente, ser vendaje, ser agua;
hacer del corazón un hogar para el cansado,
y del dolor, un umbral que se cruza acompañado.
Si el mundo se quiebra como una lanza,
que nuestra piedad sea acero sin sangre:
la épica silenciosa de curar,
de sostener la vida
como se sostiene una antorcha en ventisca.

Escrito por RdM

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