THOR Y SIF: EL AMOR QUE HIZO TEMBLAR ASGARD
Dicen que Thor era el dios del trueno, señor del Mjölnir, azote de gigantes y guerrero ante quien hasta los más poderosos enemigos retrocedían.
Pero hubo algo capaz de despertar en él una furia mayor que cualquier batalla: el dolor de Sif.
Sif, su esposa, era conocida por su extraordinaria cabellera dorada. Loki, fiel a su naturaleza, decidió convertir aquello en una de sus crueles travesuras. Mientras Sif dormía, cortó sus cabellos, dejando a la esposa de Thor sin aquello que más la distinguía.
Cuando Thor regresó y descubrió lo ocurrido, no hubo tormenta comparable a su ira.
Buscó a Loki y lo tomó entre sus manos.
El dios del engaño comprendió entonces que aquella vez había ido demasiado lejos. Thor no estaba defendiendo un simple cabello. Estaba defendiendo el honor de la mujer que amaba.
Loki suplicó por su vida y prometió reparar su crimen.
Viajó entonces hasta los dominios de los enanos, los maestros de la forja y la magia. Allí consiguió que los hijos de Ívaldi fabricaran para Sif una nueva cabellera de oro puro, capaz de crecer sobre su cabeza como si hubiera nacido con ella.
Y no fue aquel el único milagro nacido de aquella disputa: de aquellas forjas surgirían también tesoros destinados a los dioses, entre ellos Gungnir y el propio Mjölnir.
Así, una afrenta contra Sif terminó dando origen a algunos de los objetos más poderosos de Asgard.
Porque incluso el trueno tiene un corazón.
Y cuando alguien hiere a quien ama, hasta los cielos pueden estremecerse.
Thor no solo empuñaba el martillo para proteger a los dioses. También lo alzaba por aquellos que amaba.

