¿Los odinistas no se arrodillan? Historia, mito y realidad
La frase «los odinistas no se arrodillan» es una de las más repetidas dentro del paganismo nórdico moderno. Sin embargo, cuando se examinan las fuentes históricas conservadas, no aparece en ninguna Edda, saga ni texto escandinavo medieval conocido. Investigadores como Neil Price (The Viking Way, 2019), Thomas A. DuBois (Nordic Religions in the Viking Age, 1999) o H.R. Ellis Davidson (Gods and Myths of Northern Europe, 1964) coinciden en que las fuentes describen sacrificios (blót), libaciones, banquetes rituales y juramentos, pero apenas proporcionan información sobre las posturas corporales adoptadas durante los rituales. Por tanto, no existe evidencia documental que permita afirmar que los antiguos nórdicos prohibieran arrodillarse ante sus dioses.
Lo que sí sabemos es que los pueblos germánicos concedían una enorme importancia a la condición de hombre libre. Según reflejan las leyes escandinavas medievales, las sagas y estudios de autores como Else Roesdahl (The Vikings, 1998), la libertad personal, el honor, la posesión de armas y la participación en las asambleas (þing) eran elementos fundamentales de la identidad social. Sin embargo, ser libre no significaba rechazar toda autoridad. Las propias sagas muestran juramentos de fidelidad, alianzas políticas y relaciones de lealtad entre caudillos, reyes y sus seguidores.
Además, conviene aclarar un error muy frecuente: germánico, escandinavo y odinista no significan lo mismo.
Los pueblos germánicos fueron un conjunto muy diverso de comunidades que incluían godos, vándalos, burgundios, lombardos, francos, suevos, anglos, sajones, frisios y escandinavos. Como explica Rudolf Simek en Dictionary of Northern Mythology (2007), cada uno de estos pueblos desarrolló tradiciones religiosas propias y no todos otorgaron la misma importancia a las mismas divinidades. Por ello, afirmar que «los germanos eran odinistas» resulta históricamente incorrecto.
Del mismo modo, tampoco puede afirmarse que todos los escandinavos fueran adoradores principales de Odín. Las investigaciones de John Lindow (Norse Mythology: A Guide to Gods, Heroes, Rituals and Beliefs, 2001) muestran que el culto variaba enormemente según la región, la época y el contexto familiar. En muchas zonas, Thor parece haber sido una divinidad mucho más popular que Odín, especialmente entre agricultores y comunidades rurales. También existían importantes cultos dedicados a Freyr, Freyja, Njörðr o Tyr.
Otro aspecto que suele ignorarse es que el propio término «Odinismo» es moderno. Ninguna fuente medieval muestra a un vikingo, godo o suevo describiéndose como «odinista». La denominación comenzó a aparecer durante el siglo XIX, en pleno auge del Romanticismo europeo y el interés por las antiguas tradiciones germánicas. Más tarde, durante el siglo XX, autores como Alexander Rud Mills desarrollaron movimientos religiosos organizados que utilizaron el término «Odinismo» para reconstruir o reinterpretar las antiguas creencias. Este proceso ha sido estudiado ampliamente por Stefanie von Schnurbein en Norse Revival: Transformations of Germanic Neopaganism (2016), donde demuestra que el odinismo actual es un fenómeno contemporáneo y no una continuación directa e ininterrumpida de la religión de la Era Vikinga.
La idea de que «los odinistas no se arrodillan» parece surgir precisamente en estos movimientos modernos. Muchos practicantes contemporáneos entienden la relación entre los seres humanos y los dioses como un vínculo basado en la reciprocidad, el honor y el intercambio de favores. Esta interpretación encuentra cierto apoyo en las fuentes mitológicas, donde los dioses nórdicos no aparecen como seres omnipotentes e infalibles, sino como entidades poderosas que también pueden equivocarse, sufrir derrotas e incluso enfrentarse a un destino inevitable, como muestran la Edda Poética y la Edda Prosaica de Snorri Sturluson.
Sin embargo, una cosa es afirmar que la religión nórdica antigua valoraba la dignidad personal y otra muy distinta sostener que existía una norma religiosa ancestral según la cual nadie debía arrodillarse. Hasta la fecha, ninguna fuente histórica conocida respalda tal afirmación.
Conclusión
Desde una perspectiva histórica, la frase «los odinistas no se arrodillan» debe entenderse como una construcción moderna inspirada en determinados valores asociados a las sociedades germánicas antiguas, especialmente la libertad personal, el honor y la responsabilidad individual. No procede de las Eddas, no aparece en las sagas y no puede considerarse una enseñanza documentada de la religión nórdica precristiana.
Además, la evidencia histórica demuestra que ser germánico no significaba ser odinista, y ser escandinavo tampoco implicaba necesariamente tener a Odín como divinidad principal. La realidad histórica fue mucho más diversa y compleja que las simplificaciones modernas. Como suele ocurrir en historia, cuando faltan las fuentes y sobran las certezas, el riesgo no es acercarse al pasado, sino construir un relato contemporáneo disfrazado de tradición ancestral.

