Nos han pedido que aclaremos una duda que, sorprendentemente, sigue apareciendo con frecuencia: ¿los celtas de Galicia tuvieron influencias germánicas?
La respuesta corta es: sí, pero no de la manera que muchos imaginan.
Los pueblos célticos del noroeste de la Península Ibérica se desarrollaron durante siglos antes de la llegada de los pueblos germánicos. La cultura castreña gallega tiene raíces propias y conexiones con otros pueblos atlánticos de tradición celta. Sin embargo, entre los siglos V y VI d.C. llegaron a Galicia grupos germánicos como los suevos, que fundaron incluso un reino propio. Por tanto, existió contacto e influencia, pero los celtas gallegos no eran germanos ni los germanos eran celtas.
Y aquí aparece otro problema: la costumbre de mezclar el mundo escandinavo con el germánico como si todo fuera lo mismo. Es como decir que un asturiano, un portugués y un italiano son exactamente iguales porque hablan lenguas indoeuropeas. La lógica histórica llora en una esquina cada vez que alguien hace eso.
Los escandinavos (daneses, noruegos y suecos de época vikinga) pertenecían a una rama de los pueblos germánicos, igual que los anglosajones o los godos. Pero compartir una familia lingüística no significa compartir la misma cultura, religión, organización social o historia. Los vikingos no eran suevos, los suevos no eran godos y los godos no eran gallegos con casco de cuernos (que, por cierto, tampoco llevaban los vikingos).
Parte de esta confusión viene de siglos de pseudohistoria, nacionalismos románticos del siglo XIX y una preocupante dependencia de vídeos de internet donde las fuentes históricas parecen haberse ido de vacaciones.
Las investigaciones de autores como Barry Cunliffe, John T. Koch, Patrick Geary o Herwig Wolfram dejan bastante claro que hablamos de pueblos distintos, con contactos e influencias mutuas, pero no de una gran sopa cultural donde todo vale.
Porque la Historia es compleja. Y precisamente por eso resulta mucho más interesante que los mitos modernos que intentan mezclarlo todo en una misma olla.
