Muchos nos habéis vuelto a escribir en privado con la misma cuestión. Y sí, ya lo hemos explicado antes… pero como el tema insiste en reaparecer, merece una respuesta clara, directa y sin adornos innecesarios: ¿qué es Ostara, de dónde viene realmente y por qué no tiene nada que ver con el mundo ásatrú ni con la tradición escandinava?
Ostara, tal como se entiende hoy, es una festividad moderna asociada al equinoccio de primavera, ampliamente difundida en corrientes neopaganas contemporáneas, especialmente en la Wicca. Se reviste de simbolismo natural —fertilidad, renacimiento, ciclos vitales—, pero su problema no está en el significado, sino en el relato artificial de antigüedad que se le atribuye.
El nombre procede de una única mención del monje Beda en el siglo VIII, quien habla de una posible figura llamada Ēostre dentro del contexto anglosajón. Y aquí conviene detenerse: anglosajón no es escandinavo. Los pueblos anglosajones eran germánicos occidentales establecidos en Britania (principalmente procedentes de lo que hoy sería Inglaterra, el norte de Alemania y zonas de Dinamarca), mientras que el mundo nórdico pertenece a los pueblos germánicos del norte, con sus propias tradiciones, fuentes y cosmovisión. No son lo mismo, no son equivalentes y, desde luego, no son intercambiables.
A pesar de esto, hoy en día muchas personas insisten en presentar Ostara como una festividad “germana” vinculada al mundo escandinavo o incluso al ásatrú. Y aquí aparece una contradicción bastante reveladora: no es raro que algunos de los que defienden este supuesto origen también sean los primeros en hablar de “pureza de sangre”, “tradición auténtica” o incluso a coquetear con ideologías extremistas. Sin embargo, son ellos mismos quienes incurren en el mayor de los sincretismos: mezclar culturas distintas, épocas inconexas y reconstrucciones modernas como si fueran una continuidad histórica real.
Es decir, mientras proclaman pureza, practican una amalgama sin base.
Ostara, tal como se celebra hoy, es una construcción moderna del siglo XX. No existe evidencia de una celebración nórdica con ese nombre ni con esas características en las fuentes escandinavas. No aparece en las Eddas, ni en las sagas, ni en el registro arqueológico. Es, en esencia, una reinterpretación contemporánea inspirada en una referencia aislada anglosajona.
Y conviene decirlo con cierta claridad incómoda: gran parte de la persistencia de estas ideas no se debe a la evidencia, sino a la falta de interés en buscarla. Hay quienes prefieren una narrativa atractiva, aunque sea falsa, antes que enfrentarse a la complejidad de la realidad histórica. Es más fácil aceptar una historia que encaje con las propias creencias que cuestionarla.
En muchos casos, esto no tiene que ver con espiritualidad profunda, sino con una necesidad de validación simbólica: una especie de “tirita” intelectual que cubre incoherencias, simplifica el pasado y evita el esfuerzo de investigar.
Porque la información está disponible. Las fuentes existen. Pero hay que querer leerlas, contrastarlas y, sobre todo, aceptar cuando desmontan lo que uno creía.
En resumen:
Ostara no es una festividad escandinava ni parte del ásatrú. Es una creación moderna inspirada en una referencia anglosajona aislada. Y mezclarla con tradiciones nórdicas, mientras se habla de pureza o autenticidad, no solo es incorrecto… es profundamente contradictorio.
Y quizá esa sea la parte que más incomoda.
