Oh Thor, señor del trueno que despierta los cielos,
hijo del vasto Odín y guardián del orden entre los mundos,
escucha esta humilde palabra que asciende como humo sagrado
entre montañas, mares y raíces del gran árbol eterno.
Que recordemos tus pruebas,
no como relatos de guerra solamente,
sino como senderos de fuego
por donde camina el espíritu que busca fuerza.
Cuando alzaste a Jörmungandr desde el abismo del océano,
no era solo la serpiente del mundo lo que sostenían tus brazos,
sino el peso del destino que todo ser debe enfrentar.
Enséñanos a mirar nuestras tormentas sin temor,
como tú miras el horizonte antes del rayo.
Cuando en el salón de gigantes levantaste el cuerno imposible
y bebiste del mar sin saberlo,
recuérdanos que incluso los dioses
beben del misterio del universo.
Cuando intentaste alzar al viejo gato gris
que era en verdad la serpiente que rodea la tierra,
haz que comprendamos que el mundo entero
se mueve cuando un corazón valiente se esfuerza.
Y cuando luchaste con la anciana que era la vejez misma,
permite que entendamos la verdad silenciosa:
ni siquiera el más fuerte vence al tiempo,
pero sí puede enfrentarlo con honor.
Oh Thor, martillo luminoso en la noche del norte,
haz de nuestras dudas relámpagos de claridad,
de nuestras pruebas montañas que fortalezcan el alma,
de nuestros miedos nubes que el trueno disuelva.
Que cada dificultad sea un gigante que nos enseñe,
cada caída una raíz más profunda en la tierra,
y cada día una batalla digna bajo el cielo.
Porque así como tu martillo vuelve a tu mano,
que también regrese a nosotros la esperanza.
Y que, entre el rugido de las tormentas del mundo,
aprendamos a caminar firmes,
con el corazón sereno
y el espíritu encendido por la luz del coraje.
Escrito por RdM

