Bajo la mirada eterna de Odín, que entregó un ojo por sabiduría y colgó del fresno cósmico para conquistar el misterio de las runas, invoco la fuerza antigua que despierta a los valientes; que el trueno de Thor sacuda mis dudas y que su martillo invisible forje en mi espíritu la determinación indestructible; que la fértil esperanza de Freya encienda en mi corazón el fuego sagrado de la pasión y la abundancia; y que las Nornas, tejedoras del destino al pie de Yggdrasil, entrelacen mis pasos con propósito, coraje y honor; hoy me alzo como hijo del norte eterno, abrazo el desafío como prueba sagrada, y comienzo este nuevo camino con la certeza de que la voluntad firme, el espíritu indomable y la fe en los dioses antiguos transforman todo sueño en hazaña y todo inicio en victoria.
